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CHARLOTTE PERRIAND, la mujer que inventó el diseño

Se inspiraba en la naturaleza y en las máquinas, doblegó en su machismo al propio Le Corbusier y le convenció con su humanidad y talento. Fue moderna, primitiva e inconformista. Libre siempre: para crear y para vivir. Escalaba las montañas dónde encontraba su equilibrio físico y emocional.
La Chaise Longue 1928, un clásico del diseño, a menudo atribuido a Le Corbusier, en realidad la diseñó en colaboración con Charlotte Perriand y Pierre Jeanneret. La silla que hoy es icónica, fue modelada por Perriand a imagen de sí misma. Perriand junto con Lilly Reich y Eileen Gray, además de dar una lectura feminista de diseño modernista, ofrecen juntas tanto el punto de vista como la utilidad y confort, con un una acotación incisiva de materiales, destacando su brillo y transparencia, además de su degradación y vulnerabilidad.

Perriand nació en París en 1903, hija de un sastre y una costurera. Se tituló en la escuela de la Unión Central de Artes Decorativas. Desde el principio se interesó por el diseño de interiores y mobiliario, con 24 años, expuso en el Salón de Otoño de 1927 y su trabajo tuvo una gran aceptación por parte de la crítica.
Era un ser que tenía las cosas bien claras. Ese mismo año se atrevió a llamar a las puertas del estudio de Le Corbusier, quien la despachó con una ironía un tanto cáustica: aquí no bordamos cojines.

El caso es que Perriand le hizo comerse sus palabras, cuando su primo y colaborador Pierre Jeanneret lo llevara a ver la obra expuesta de Perriand. Le Corbusier se quedó sorprendido y decidió emplearla en su estudio, por supuesto sin cobrar, como encargada de “los estantes, las sillas y las mesas”. Hasta entonces Le Corbusier había amueblado sus espacios con objetos que no eran de su autoría. A partir de ese momento, los espacios fueron cosa de Charlotte que se propuso que las piezas se basaran en su tiempo, tomando prestadas ideas de la industria automovilística y aeronáutica, resultando ser piezas de una gran trascendencia en la historia del diseño, y fueron firmadas por los tres colaboradores: Le Corbusier, Jeanneret y Perriand.

Perriand llevaba al estudio de Le Corbusier a su hija que opinaba que era un lugar frío y distante, por lo que prefería las tardes que pasaban en el estudio de Leger.

En 1937 Charlotte Perriand deja el estudio de Le Corbusier, tras 10 años de trabajo, y vuelca su atención en materiales más tradicionales y formas más orgánicas. Se dedicó a la investigación en términos de prefabricación de viviendas moduladas en las que colaboró con Jean Prouvé, otro de los grandes de la historia.

En 1940 viaja a Japón, para trabajar en el Ministerio de Comercio e Industria. Durante su estancia en este país, dio una serie de conferencias e hizo múltiples visitas a estudios y talleres, organizando una exposición denominada “Selección-Tradición-Creación”. Fue una gran influencia en la creación japonesa en términos de diseño.

Su casa de Japón en la que vivió algunos años se encontraba en frente del Palacio Imperial. En el país nipón (1940-1946) refina su interpretación de la experiencia de vivir fusionando elementos orientales y occidentales en los que la tradición y la modernidad alcanzan la conexión perceptible con la naturaleza. Su amor por las piedras y los bosques era tal, que llegaba a hablar con la naturaleza.

Era una mujer tenaz, de un optimismo inteligente, que comenzó a construir la modernidad en la década de 1920 tras entrar en el estudio de la rue de Sèvres en París, comenzando lo que iba a ser una colaboración de diez años de duración con Le Corbusier y Pierre Jeanneret.

La gente razonable adapta sus deseos a la realidad. Los que no lo son, adaptan el mundo a sus deseos. El progreso siempre llega de las cabezas y manos de estos últimos.

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