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Efímera eternidad: Fotografía de moda

Gaston Bachelard afirmaba que “la conquista de los superfluo es una excitación más grande que la conquista de lo necesario”. La gran moda es reconstrucción de ese deseo superfluo que se vive en ocasiones como necesario. Es en 1924, y en la ciudad de Nueva York, cuando arranca la fotografía de moda.

El exquisito barón Adolf Gayne de Meyer-Watson se convierte en el fotógrafo de moda del momento. El barón proviene del pictorialismo y es un enamorado del “flou”, técnica que recogida de la pintura, será una de los elementos esenciales de la fotografía de moda y el retrato. El título que acompaña al nombre de Meyer, no se sabe -como corresponde a un diletante- si es real o ficticio.

Quienes más han hecho por la fotografía de moda en el siglo XX como factores mediáticos, han sido las revistas Harper´s Bazaar, Vogue y Vanity Fair. Sus páginas siempre han estado repletas de genios creadores que fotografían, describen y crean información sobre nuestros deseos, nuestras aspiraciones y nuestros sueños. Si queremos conocer la evolución de la sociedad, de sus costumbres y de sus avances, la moda es un elemento sociológico de primera categoría por el que puede llegarse a conocer incluso el pensamiento de la época.

La moda y más en concreto, la fotografía de moda, definen los tributos de lo considerado belleza: lo chic, el prestigio, la excentricidad, la fascinación. Aquello que queda lejos de la realidad cotidiana y que forma parte del lujo, de lo ilusorio y de la elegancia.

Desde hace algunos años la fotografía de moda está presente en el mundo del arte. La moda puede ser efímera pero la gran fotografía de moda ha devenido eterna. Los museos han apoyado esa premisa legitimando al género como una de las verdaderas formas de arte. El Museo of Fine Arts de Boston y el Metropolitan Museum de Nueva York, el MoMA o el Barbican, el Victoria and Albert Museum, todos ellos celebran a los fotógrafos más prolíficos e influyentes del medio, con exposiciones en las que Penn, Horst, Hoyningen-Huene, Steichen, Avedon, Man Ray, Klein, o Bassman, han colgado seducción, arte y estilo en sus paredes.

Estas exposiciones demuestran que la fotografía de moda gana credibilidad como forma de arte, pero lo que de verdad confirma su ascenso son los precios alcanzados en las subastas. Según Etheleen Staley, copropietaria de una galería en Nueva York, en los últimos cinco años la fotografía de moda ha ido cogiendo un brío acorde con la fuerza y estética de sus imágenes. Si en el 2001 la emblemática “Dovima y los elefantes” (1955), de Richard Avedon se podía adquirir por $ 22.325,una copia gran formato, hecha para una retrospectiva ha alcanzado en 2010 la fabulosa cifra de 1,5 millones de dólares.

Coleccionistas como Elton John, Agnes B, diferentes estrellas del mundo del cine y de la música, grandes fortunas inmobiliarias y de los negocios anglosajones se han sentido atraídos por este tipo de fotografía que retrata el mundo de lo femenino, que buscando en la mayoría de las ocasiones la belleza, se ha convertido en un diario impenitente de nuestra historia y de los cambios acaecidos en los últimos cincuenta años de la misma.

La fotografía de moda hoy ya es imparable. Esa fotografía que retrata los deseos más efímeros se vuelve eterna porque la elegancia y el arte son sus ingredientes básicos. Sobre ellas, se han construido muchos de nuestros sueños y deseos y si los codificamos inteligentemente dicen más de nuestra sociedad que muchos de los ensayos más profundos y fácilmente olvidables de nuestro siglo. Más allá de su carácter, más allá de los borrosos límites entre arte y producción industrial, tanto la moda como sus fotografías son un testimonio de los códigos sociales: reflejan el estatus, la distinción estética y la relación entre los géneros.

Las revistas más importantes que comenzaron esta tendencia arrancaron en EEUU y fueron y son nombres todavía de referencia a día de hoy. Entonces, de la mano de grandes editores con una intuición extraordinaria (como Alexander Liberman, Alexey Brodovitch, Diana Vreeland o Edna Woolman) los grandes fotógrafos que trabajaban para ellos se podían permitir experimentar.

En un palabra, riesgo era una de las palabras más usadas del momento.

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Comentarios

  1. Pilar Mandl / 11 April 2011

    Siempre es un placer leer/escuchar a Lola Garrido…

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