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Jeff Koons: Banalidad, Diversión fácil y Lujo y degradación

Hay que hablar mal de Koons, porque es el artista de más éxito del momento y ya se sabe que a los críticos cejas altas el triunfo y los precios les caben en la misma cesta: la del desprecio. El Whitney de Nueva York inauguró el viernes pasado la mayor retrospectiva dedicada jamás a un artista vivo, y los medios –españoles- dicen que todo ello es la banalidad más absoluta.Jeff Koons

Y miras a los considerados grandes nombres de la crítica neoyorquina como Roberta Smith y ya la cosa no está tan clara. Por si alguien tiene alguna duda, Marcel Duchamp en su momento cometió la vulgaridad de colocar como pieza de arte un urinario. Ahora está considerada la obra cumbre de la historia del arte del siglo XX.
Koons ha alcanzado el precio más alto de un artista vivo en subasta, al vender una pieza por 58 millones de dólares. Sabemos que los ricos en cuestión de dinero no cometen muchas tonterías, y también que tienen “mal gusto”, por eso tienen unas casas que casi todos envidiamos. Y hablo con esta ironía porque el arte de Koons y otros famosos en la pirámide del lujo ocupan el vértice más alto y está muy desprestigiado por los críticos radical-chic. Sé que soy banal, pero también creo que la superficialidad puede consistir en conceptualizar retratos del hambre y poner niños famélicos cubiertos con metacrilato muy caro.
Jeff Koons
No tengo claro si Jeff Koons es un cínico, pero será el Warhol del siglo XXI. Después del fiasco que supuso en su carrera las lujuriosas fotos con su mujer de entonces, la porno-diputada Cicciolina, tuvo que trabajar duro para remontar. Comenzó con el perrito Puppy en 1992, que finalmente se colocó en la Plaza Rockefeller en el 2000. Un terrier blanco West Highland de 40 metros de altura cubierto de 70.000 flores que fue un éxito de crítica y público ávido de fruslerías. Jerry Saltz lo llamó el evento de arte público de su tiempo, llamando a Koons un “perfeccionista a la búsqueda del amor incondicional”. Y es sin duda uno de los éxitos del Guggenheim en Bilbao, donde recalará la antológica en el 2015.
Jeff Koons
“El poder es el afrodisíaco por excelencia” dijo el cínico Henry Kissinger. Para Koons, por otro lado, la estimulación siempre ha venido del éxito comercial. Un artista que emplea a más de 100 personas en su estudio de Nueva York y que nunca toca su obra, que fue corredor de bolsa en Wall Street, ha diseñado una carrera dedicada a vaciar de arte toda su obra, excepto lo que Karl Marx llamó justamente fetichismo de la mercancía.

Koons una vez acorraló a un periodista italiano un poco iluso que buscaba la falta de profundidad en él diciendo “uno es quien es en virtud de los objetos de los que se rodea”.

Jeff Koons

Uno de sus muchos amigos dice de él algo parecido: “Jeff reconoce que las obras de arte en una cultura capitalista, inevitablemente, se reducen a la condición de mercancía”.

En estos tiempos, es lógico que el artista “best” del mundo haya terminado por producir juguetes de tallas grandes para adultos. Pero aquí, lo reconozco, puede estar diciendo realmente que de hecho es en lo que el arte se ha convertido: en juguetes para los ricos. Ya no es una cuestión de cuánto dinero tienes, cuántas fundaciones y donaciones haces, sino que al final, según el artista, todo es más una cuestión de “mi juguete es más grande que tu juguete”.

Jeff Koons

Pero hay más mucho más en el arte de Koons, y los conservadores lo llaman el valor añadido del arte. Al público le gusta, los museos necesitan público y es el artista pop de nuestra era. Para lograr su visión, Koons emplea a 128 personas en su estudio: 64 en el departamento de pintura, 44 en el departamento de escultura, diez en el departamento digital y diez en la administración.

Jeff Koons

Warhol y Koons lo que tienen en común, sin embargo, es una extraña habilidad para crear una imagen o un objeto de forma que atrape el espíritu de la época.

Jeff Koons

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