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LILLIAN BASSMAN: La última de los grandes

Lillian Bassman llegó a la fotografía por casualidad; es más, por casualidad y descarte. Estudiaba danza con Martha Graham, pero una lesión le obligó a olvidar esa carrera. Comenzó a pintar y lo desechó, porque era una actividad “muy lenta”. Entró de becaria en Harper’s Bazaar y a allí tuvo los encuentros más importantes de su vida: Alexey Brodovich y los fotógrafos Avedon y Hoyningen-Huene y bajo la tutela de ellos, desembocó en la fotografía.

Pero una vez llegó a ella ya no necesitó de nadie. El laboratorio y todo el proceso le cautivó, así que manipuló hasta hacer de sus imágenes algunas de las más evanescentes, elegantes y excepcionales de la fotografía de moda. A su fotografía se la ha calificado de “reinterpretación” porque lo más importante ocurre una vez capturada la imagen: en el proceso de laboratorio. En las grandes revistas recurrían a ella en esas ocasiones denominadas “algo terrible” porque ella hacía que un abrigo mal cortado pareciera alta costura.

Hacía experimentos, positivaba sobre gasa y diferentes papeles, ”quemaba” y oxidaba zonas de exposición, se comportaba como una cocinera-artista a la que gustaba experimentar. Sus imágenes más emblemáticas, poseen una luz tan blanca y brillante que evocan todas las fantasías sobre la belleza. Cuando compartía estudio con Richard Avedon, fortuitamente Bassman hizo una toma de una modelo en ropa interior. A la modelo le gustó tanto la imagen que se la mostró a su marido un importante publicista y a los dos meses de coger la cámara, ya pasaba a formar parte de la plantilla de Harper’s.

Su mirada se educó en los grandes museos. Recuerda sobre todo, recorrer las galerías del Metropolitan, acompañada de su marido Paul Himmel y de esa época relata “pasamos la mayor parte de la Gran depresión en el Metropolitan, no teníamos dinero para nada más”

La luz y las siluetas de El Greco, son las cosas que más recuerda  y que más le influyeron en aquella etapa de su vida. Tanto, que pasaron a formar parte de ella y por eso en sus imágenes de modelos pálidas y estilizadas es tangible. Mujeres en unas situaciones, posturas y gestos que denotan belleza inteligente. Pero sobre todo: mujeres.

En su refugio de Fire Island, los años han pasado y Lillian con 95 años sigue investigando. Ahora con photoshop, para buscar y encontrar la anatomía debajo de cada traje. De los grandes fotógrafos, es la única que sobrevive. En la fotografía de Lillian el secreto está en la cocina. En su laboratorio, Bassman manipula hasta lograr una fotografía de moda sensual y misteriosa a base de exposición, solarización, encuadres radicales y granulados exagerados.

Era de esas fotógrafas que no necesitaba manual de instrucciones. Ella en un negativo veía después de la toma y se ponía a cocinarla. Sus fotos son una especie de signos estéticos de una época.

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