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Lugares casi secretos

“La naturaleza no conoce la historia pero en sus formas viven todos los estilos del pasado, el presente y el porvenir. La naturaleza acierta más en la abstracción que en la figuración”.
Octavio Paz. “Naturaleza, abstracción y tiempo”.

La historia del minimalismo y del arte de la naturaleza, no sería posible sin mecenas como Philippa de Menil y su marido Heinrich Friedrich. El espacio americano está sembrado de obras de artistas financiados por los Menil. Su fortuna está sacada de las entrañas de la tierra (petróleo), así que sus mecenazgos también apuestan por la tierra (land art) hoy llamado arte ecológico. Además de obras “in situ”, los Menil han propiciado algunos de los mejores lugares de arte de Nueva York.

Dia Art Foundation en Manhattan ha sido una inspiradora presencia y su estilo refleja la ligera de la elegancia de las cabezas de sus benefactores. Arte bueno, arte de ahora, arte distinguido y arquitectura pensada para albergarlo. Su edificio principal en West 22 Street, se convirtió en el “MoMA para los más entendidos” a su sombra se posicionaron todas las grandes galerías. En Dia, el foco ha estado siempre en el arte, no en la forma en que el arte se envasa. El minimalismo, conceptualismo y land art no serían lo mismo sin Dia.

Hace tres años cerró sus puertas en Chelsea para pasar al Meat District, otro lugar que  se revalorizará sin duda. Mientras sus exhibiciones, que marcan el curso del arte más contemporáneo, tienen lugar en The Hispanic Society.

Pero además de estos sitios míticos, los Menil han posibilitado obras específicas y secretas pese a llevar mucho tiempo: New York Earth Room y Broken Kilometer en Manhattan o The Lightning Field en Nuevo México, las tres de Walter de María; El Instituto Dan Flavin en Bridgehampton, o Spiral Jetty, en Great Salt Lake de Robert Smithson que se incluyó entre las maravillas del mundo.

Obras que sobrepasan por su complejidad el mecanismo intrínseco de coleccionar. En dos locales de SoHo, Walter de María tiene, desde hace más de 30 años, dos instalaciones que son visitadas por muy poco público y que forman parte de aquella idea del padre de la Dia.

Lugares y obras que son objeto de muchas visitas por muy pocos, lugares donde se vuelve una y otra vez, a ver lo mismo, desde unos ojos iguales o distintos, para salir tocado por la obra una vez más.

Pero su concepción llegaba más lejos: las instalaciones son casi capillas; lugares funcionales pero sagrados, donde la repetición de las visitas viene condicionada por la idea del peregrinaje, por la motivación que lleva a realizar esa visita de nuevo, donde el arte se convierte en lugar. New York Earth Room (1977) en el SoHo es exactamente lo que su nombre indica: una habitación en Nueva York, llena de tierra. Consta de 250 metros cúbicos de tierra. La sala, es limpiada regularmente de hongos y otras intrusiones orgánicas, y está solemnemente acompañada por un par de empleados.

393, West Broadway N.Y.C.

Otra obra es The Broken Kilometer (1979). Su título refleja de forma gráfica su significado: un kilómetro partido en barras de latón, pulidas, donde cada una mide dos metros de largo y 5 centímetros de diámetro, colocadas en cinco filas paralelas de 100 barras cada una. Detrás de unas puertas de unas calles del SoHo, están desde hace años, dos instalaciones que cambian la percepción del espacio y del tiempo. Nada es de ningún sitio concreto, y sin embargo, un proyecto sólo tiene sentido en un lugar. Una diana en el ojo, para espectadores que acepten regalos.

141, Wooster Street N.Y.C.

Fotografías cortesía Dia Art Foundation

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