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Retratando a Chanel

Chanel era pequeña, por tanto se esmeró y empeñó en ser grande. No hay una Coco, sino que en su pequeña figura acumulaba miles. Contradictoria, austera, adelantada a su época, después de conocer a todo el mundo se retiró a vivir sola, y fiel a su estilo confesaba “continúo sola, sola. Más sola que nunca. No quiero añadir puntos suspensivos tiñendo mi aislamiento de una melancolía impropia de mi temperamento. Simplemente constato que he crecido, que he vivido y que envejezco sola” No estaba sola, era sola.

La infancia sí la vivió sola, sin embargo su carácter -ese que dicen malo, y en ocasiones solo es eso: carácter- le hacía olvidar que su vida fue un viaje desde el orfanato donde se crió, hasta los salones donde ella y sus amigos (de Misia Sert a Jean Cocteau, Colette, Picasso o Stravinski) se asomaron al mundo.

La muerte trágica de su verdadero amor en accidente la imposibilitó para entregarse más a nadie que no fuera ella misma. Así su dedicación a la alta costura y a vivir sin ataduras le llevaron a crear vestidos y trajes para una mujer libre, alejada de la ostentación de la época. Paul Poiret el modisto se descolgó con un irónico y cruel comentario “¿Qué ha inventado Chanel? El miserabilismo de lujo”.

Ese adjetivo ha hecho de ella un icono, de su marca un estatus y de su figura un mito.

Siempre dura consigo misma y con los demás, hablaba desmitificando la moda aclarando que hay que hablar de ella con pasión pero sin exagerar, ni hacer literatura o poesía “un traje no es un cuadro ni una ópera” su cabeza acostumbrada a pensar libremente poseía la inteligencia y el genio del que impone sus ideas. La sensatez le parecía aburrida así que convirtió la bisutería y el sport en un gesto de elegancia.

Muchos grandes fotógrafos hicieron sus retratos: Horst en un sofá  de una gran dama, recostada, indolente y magnética. Horst sabía bien que hacer una buena foto de Chanel le abriría muchas puertas, y se esmeró dejando un retrato que forma parte de los iconos de la fotografía artística.

Horst era amigo de Chanel y de Misia Sert, la musa de los Ballet Russes de Diaghilev. La fotografía fue un encargo de Vogue que pidió a Mademoiselle que posara para el fotógrafo. Ella aceptó, e incluso hizo algo que nunca hacía fue al estudio de la revista y se dejó retratar. Cuando las vio le dijo que eran buenas fotos de su vestido, pero no de ella. Horst le contestó que para hacer un buen retrato hay que mantener contacto con el retratado, hay que conocerlo. Entonces Chanel lo invitó a comer en su departamento del Ritz junto con la editora de moda de Vogue. Al día siguiente, Coco fue de nuevo a la revista y aclaró que ese retrato era para ella y que pagaría por él. Quedó encantada, ordenó varia copias y le pidió a Horst la cuenta. Horst le contestó que estaría encantado de regalárselas. Coco en una visita a casa de Horst no dejó de observar que el departamento estaba casi vacío. Le pidió al día siguiente que fuera a la maison Chanel. Cuando llegó, le enseñó un depósito lleno de muebles de su casa anterior. Era un mobiliario de lujo, con piezas firmadas. Chanel le dijo que eligiera las que quisiera. Su gratitud ha hecho de esa fotografía una de las mejores pagadas de siempre.

“Una mujer puede ir muy vestida pero eso no le hará más elegante”, porque sabía que el estilo no viene de la ropa. Distinguía la elegancia, la olía, igual que le ocurría a Horst, fueron dos personajes que se rodearon de lujo pero nunca de vulgaridad.

Años más tarde el fotógrafo francés más importante del siglo: Henri Cartier-Bresson, hizo un retrato de Chanel, no aparece la “grandeur” sino el alma de una solitaria. Para ser un mito hay que empezar por ser diferente, y ella lo fue.

A los mitos les fotografían los grandes.

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Comentarios

  1. india / 22 September 2011

    Debido a que mi madre era (y es, aún) modista, me crié entre figurines, patrones, tejidos, hilvanes, charlas sobre hechuras y modificaciones en las pruebas… Sin darte cuenta, aprendes cómo una prenda no es sólo la prenda, es también la actitud de quien la viste. Por eso, siempre me atrajo escuchar y leer a los modistos, incluso cuando en las pasarelas presentan su historia y hacen que los maniquíes “interpreten” la prenda, esto es, les solicitan esa actitud que ellos saben que es necesaria para según qué modelo crearon… y en eso, Chanel es todo actitud…
    Me ha gustado muchísimo leer este post, por lo aprendido y por los recuerdos de esos años entre telas y el esfuerzo de mi madre.
    Saludos, Sra. Garrido

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