Por: José Ma. López-Galiacho

Frases del tipo “la elegancia empieza por el calzado” o “no hay elegancia sin un buen par de zapatos” han estado presentes en el vestir del hombre durante generaciones.

Si no somos de los que damos algo por bueno por el solo hecho de repetirse en el tiempo, comprobemos cómo cambia el mensaje de un conjunto vistiendo un tipo u otro de zapato y nos sumaremos con seguridad a estas máximas. Y esto aplica tanto a los conjuntos serios como a los más informales.

Antes de analizar esos diez zapatos de hombre imprescindibles es importante ser conscientes de la diferencia en durabilidad, envejecimiento, comodidad y aspecto de un zapato de calidad – y normalmente de precio elevado – y de uno sin ello. Recordemos la frase de Etienne de Condillac “una cosa no tiene valor porque cuesta algo, como suele pensarse, sino que cuesta algo porque tiene un valor.” Es decir, no tengamos apuro en pagar un alto precio por un zapato con un alto valor. Y en zapatos “valor” es sinónimo de una cuidada mano de obra y de un proceso artesanal. No olvidemos la frase acuñada por Henry Royce, aunque erróneamente atribuida en ocasiones a Aldo Gucci, “la calidad es recordada mucho tiempo después de haber olvidado el precio”. Compremos zapatos baratos y lo entenderemos rápidamente.

Los 10 estilos esenciales

1. Unos Oxford negros lisos. El must de los zapatos. Tan importantes como una camisa blanca o una americana azul. Este modelo representa los cimientos por los que empezar a construir un buen armario, siendo correcto de día y de noche y tanto con un traje azul como con uno gris. Es tal su polivalencia que es el mejor zapato, junto con las botas balmoral, para el chaqué, y en su modalidad de charol con esmoquin.

2. Unos Oxford semi-brogue marrón oscuro. Si bien es cierto que un zapato negro de cordones y liso es obligatorio y siempre elegante, necesita de otros modelos y colores que ayuden a conseguir cierta variedad y alegría en el día a día. Concretamente los modelos semi-brogue en tonos chocolate y coñac son totalmente correctos con casi todos los tonos de traje y en la mayoría de las ocasiones. Al contrario del Oxford negro, el semi-brogue marrón oscuro aporta además de mucho estilo al traje también un toque chic hasta al denim más informal.

3. Un doble hebilla de ante. El doble hebilla, tanto en negro como en marrón oscuro, es uno de los modelos más interesantes y también versátiles. Aunque el purismo inglés nunca lo ha visto con buenos ojos – contar con adornos metálicos es considerado como algo demasiado informal – en otros países como Italia goza de una gran aceptación y popularidad. Al igual que el semi-brogue, el doble hebilla es adecuado tanto con corbata como con conjuntos de sport. Los más dandis seguro que se atreverán con el modelo de piel vuelta. Este, además de ser muy cómodo, es el menos visto algo que lo hace mucho más especial.

4. Un mocasín. Los mocasines tienen el mismo número de seguidores que detractores. Aunque es cierto que por su propia historia – se concibieron como zapatos de estar por casa – no son los más correctos para acompañar al traje, también lo es que con los conjuntos de dos piezas, aquellos en los que la chaqueta y el pantalón con coinciden en color pueden añadir un toque vestido y relajado. No obstante, asegurémonos de escoger bien nuestro modelo y marca pues un mocasín de baja calidad es seguramente el peor zapato que se puede vestir.

5. Unos botines. Estos han estado presentes en el armario del hombre desde el S. XIX y nunca abandonaron los pies de los paladares más exquisitos. Las Chukka, las Balmoral y las botas Chelsea vuelven hoy a estar de plena actualidad añadiendo un toque especial a los más variados conjuntos. Además, la cuidada terminación actual de los modelos de las casas zapateras más reputadas consigue zapatos de increíble factura. A pesar de ser los tonos de marrón los más interesantes, en las botas Balmoral es frecuente encontrar dos colores mezclados, incluso dos tipos de piel; algo que aumenta su belleza.

6. Unos full-brogue. Si bien su historia – sus agujeros tenían la finalidad de por ellos evaporar el agua acumulada durante el trabajo en los campos de Escocia e Irlanda -, y su aspecto rústico los hacen inapropiados para vestirse con traje o en situaciones y lugares serios, son bienvenidos en otros momentos. Por ejemplo, con los conjuntos de campo o en los días más lluviosos son una alternativa a considerar seriamente. Hoy se añaden suelas de goma que introducen un extra de comodidad y que son un seguro para caminar por las resbaladizas aceras de nuestras ciudades.

7. Unos derby. Al contrario del Oxford, la construcción del derby se caracteriza por tener las palas cosidas por fuera del resto del zapato, algo que da un aspecto menos limpio. Sin embargo, sigue siendo un modelo del que disfrutar con los conjuntos de corbata menos formales o rurales. Unos jeans de corte no muy moderno también pueden quedar muy bien con este zapato. En este último caso, mejor decantarse por colores cercanos al vino o al chocolate y con algún dibujo en su puntera.

8. Unas zapatillas de diseño. No todo van a ser Oxfords y Derbys. Hoy las casas de moda más punteras fabrican zapatillas de lo más atractivas. Tanto de piel como de tela, o ambos mezclados, con suela eva o de goma, blancas o de color, de diseño o más serias, existen modelos para los looks más transgresores o clásicos. Acompañémoslas de un calcetín de mensaje similar al de la zapatilla y todo cobrará sentido.

9. Unos gomminos. Las estaciones están cada vez menos marcadas pasando del invierno al verano y viceversa muy rápidamente. Esto unido al hecho de que el verano cada vez empieza antes y termina después da a los gomminos un protagonismo nunca antes conocido. La inmensa gama de colores y su construcción flexible los convierten en un modelo imprescindible en todo buen armario.

10. Unas slippers. Terminado el día, pocos placeres hay como ponerse un pijama recién planchado y unas slippers. Además de su elegancia, su comodidad consigue olvidarnos de ellas y su ligereza hace difícil encontrar un sustituto a la altura para la calle. Con terciopelo o de piel fina, con grabado de familia o algún bordado divertido, el modelo Albert sigue siendo, después de casi 180 años, el más icónico.