Por: Rafael Rossy

Nuestra sociedad ha convertido el paraguas en un objeto de usar y tirar, lo que es un síntoma de su decadencia. Durante muchos siglos el paraguas de calidad ha sido un valioso elemento distintivo y lo sigue siendo hoy.

El paraguas y el parasol fueron en el pasado un símbolo de estatus e incluso un distintivo de divinidad. Hoy más que nunca revela la elegancia de su portador, e identifica a los auténticos caballeros –y las mujeres elegantes– frente a quienes descuidan su imagen cubriéndose con una baratija. ¿De qué sirve vestir un traje de hechura impecable, una corbata bien escogida, un buen par de zapatos y la mejor camisa si se acompaña de un horrible paraguas chino?

El origen del parasol nos remonta, precisamente, a la China de las primeras dinastías (al siglo XI antes de Cristo), aunque también hay pruebas de su existencia en el Antiguo Egipto, Asiria, Babilonia y Grecia. Cumplía principalmente la función de símbolo de estatus. La  misma que tuvo el umbracullum romano, que derivó en el umbracullum papal del medioevo y en el actual palio. En Europa, el paraguas se consideró durante siglos un objeto femenino hasta el siglo XVIII. Según cuenta la historia, fue el filántropo Jonas Hanway el primer caballero en caminar por Londres con la sola protección del paraguas, lo que le costó la animadversión de los cocheros, que veían en ese accesorio una amenaza para su oficio. Aunque fueran, curiosamente, los ingleses los últimos europeos en adoptar el uso del paraguas, también fueron quienes lo llevaron a sus mayores cuotas de sofisticación, convirtiéndolo en un complemento ligero y elegante. Fue Samuel Fox en 1852 quien, en su taller de Stocksbridge, dio a las costillas de acero de su paraguas Paragon la forma que se ha mantenido hasta nuestros días.

Cómo es un paraguas de calidad

Los numerosos detalles que distinguen un paraguas artesanal de alta calidad tienen como objetivo aportar belleza, funcionalidad y durabilidad. Salvo por algún accidente, lo habitual es que un buen paraguas dure toda la vida y que su propietario pueda poseer una completa colección –desde los más clásicos a los más originales paraguas deportivos– que le permita adecuar perfectamente este accesorio a su vestimenta en cada ocasión.

La primera decisión que deberá tomarse al encargar un paraguas es el material con el que estará construido el bastón, que deberá ser suficientemente duro para soportar el peso el cuerpo al caminar y a la vez flexible para que sea difícil de partir.  El bambú, procedente de las colonias, se convirtió en la opción más eficiente; ofrece una resistencia y elasticidad extraordinaria y con la aplicación de calor, se da forma a la empuñadura con facilidad. Hoy en día es, además, una de las opciones más elegantes, aunque existen otras alternativas, como el ratán indonesio y la malaca o las maderas más resistentes de occidente (la raíz del castaño, el acero, el fresno, el cerezo, el nogal, etc). Los mejores paraguas están construidos con un bastón de una única pieza entera, desde la contera hasta la empuñadura.

El puño puede rematarse con la misma pieza de madera –curvada o no–, con distintos tipos de recubrimientos de piel, o bien realizarse con otros materiales como el oro, la plata u otros metales, cuernas naturales, de ébano, o minerales.

La impermeabilización de los tejidos permite que pueda utilizarse cualquier diseño de fantasía de seda o algodón (existe un inmenso universo de elegancia y estilo al margen del paraguas negro).

Para que un paraguas pueda durar muchos años es indispensable que el armazón de costillas, rayos y varillas, sea sólido y funcione a la perfección. Y, con ese objetivo, no es sólo importante que el material sea fuerte y ligero, es también determinante que haya sido cosido a la varilla con las puntadas precisas y suficientes y que los tacos protectores hayan sido firmemente unidos a la punta de la varilla. La diferente calidad de su funcionamiento puede incluso ‘oírse’; los buenos paraguas se abren y cierran con una docilidad apreciable.

La calidad superior puede también comprobarse en los pequeños detalles de sus terminaciones, como las costuras de los ojales y la pestaña o en la calidad de los botones y de la contera.

Finalmente, el epítome de la calidad de un paraguas únicamente se alcanza cuando –además de tener todas las cualidades comentadas– ha sido confeccionado a medida siguiendo cada uno de los requerimientos y las preferencias del cliente, lo que hoy en día sólo pueden ofrecer muy pocos talleres.

Los mejores paraguas del mundo 

Como es lógico, los establecimientos de mayor prestigio se encontraban en las grandes capitales húmedas de Europa. Londres, París, y Milán han sido desde el siglo XIX las ciudades europeas con los mejores paragüeros del planeta: hace un siglo y medio, Thomas Brigg & Sons en Londres, Boutique Bétaille en París y Francesco Maglia en Milán ofrecían los mejores paraguas. Los de Thomas Brigg & Sons alcanzaron tanta fama que llegó a abrir establecimientos en Barcelona, Berlín, Biarritz, Bruselas, Buenos Aires, Florencia, Madrid, Nápoles, Niza, Palermo, Roma y Viena. En 1943 se fusionó con Swaine & Adeney cerrando su tienda de St. James Street. Hoy el paraguas tiene una importancia residual en el conjunto de Swaine Adeney Brigg, dedicada principalmente a la marroquinería fina. Desaparecidos Kendall & Sons y Samuel Fox, el único establecimiento londinense especializado exclusivamente en bastones y paraguas que queda es James Smith & Sons. Aunque los mejores paraguas que ofrece han sido confeccionados por otras casas, como la italiana Maglia, la visita a su tienda de New Oxford Street bien merece la visita.

Las sombrillas y los paraguas que Bétaille ofrecía, a partir de 1880 en su boutique de rue Royale 5 de París se ganaron muy pronto el favor de la aristocracia europea, hasta que, en 1919, el establecimiento fue adquirido por Thomas Brigg & Sons.

Hoy en París, la afición de Michel Heurtault por los paraguas le llevó a abrir en 2008 Parasolerie Heurtault en la Avenue Daumesnil. Entre sus creaciones sobresalen las sombrillas y paraguas femeninos de diseños ‘à la mode’ inspirados en los tradicionales del siglo XIX.

En Italia hay dos famosos paragüeros, la casa milanesa Ombrelli Maglia –en cuyo taller se han realizado las fotografías que ilustran este artículo– y el partenopeo Mario Talarico. Aunque no deba dejar de visitarse esta pequeña tienda cuando se esté en Nápoles, en mi opinión, en el caso de que deba elegirse entre uno y otro fabricante italiano, debe tenerse en cuenta que el taller de Maglia –que durante muchos años fue proveedor de Talarico– cuenta con mayor dotación de artesanos, lo que le permite una especialización completa en tareas de naturaleza tan distinta como el trabajo de la madera o la costura de las telas.

Ombrelli Maglia

El prestigio mundial de esta casa –que vende sus paraguas a las mejores boutiques del Reino Unido, Estados Unidos y Japón y a exigentes connaiseurs de todo el mundo– es el que la mantiene viva, convertida hoy en un referente único del sector.

Mucho han cambiado las cosas desde 1854, cuando Francesco Maglia, un joven de 18 años fundó un pequeño taller en Verolanuova (Brescia). 22 años más tarde su firma se instalaría en Milán, en Corso Genova 7 y ahí permaneció durante 127 años, hasta que, en 2003, trasladó su sede al número 194 de Via Ripamonti, también en la capital lombarda, donde se mantiene actualmente. Dos tradiciones se han ido sucediendo en la familia Maglia: por un lado, la transmisión del arte y de la técnica del diseño y la construcción de los mejores paraguas y, por otro, el costumbre de llamar Francesco al hijo primogénito. En las últimas décadas, los hermanos Francesco y Giorgio Maglia han estado al frente del negocio, y continúan hoy al frente de él. Pero es ahora Francesco Maglia –hijo del segundo y la sexta generación de esta saga– quien garantiza la continuidad del saber hacer artesanal de la casa.

Sus paraguas de calidad se elaboran a mano, sin que exista una producción en serie, lo que les permite ofrecer un auténtico servicio a medida, con surtido casi infinito de alternativas y combinaciones: paraguas de 8 ó 10 varillas en diferentes medidas (desde 52 a 75 cm) y el más amplio abanico de materiales del bastón o de la empuñadura (de cuerno natural, forrado en piel, de plata o de maderas nobles). Ofrecen paraguas masculinos y femeninos, plegables, desmontables, clásicos y rústicos (aunque es particularmente atractivo el paraguas construido a partir de un único tallo de madera, que muestra su corteza a lo largo de su caña, y que visten con telas en originales combinaciones cromáticas).

Sea cual sea el diseño elegido, todos los detalles del paraguas darán fe del buen trabajo artesanal del taller, desde el clavado de las pestañas, a la fijación de los rayos, el cosido de las varillas o la terminación de la contera. Para los amantes de la elegancia y el savoir faire, Ombrelli Maglia es una visita obligada en cualquier viaje a la capital lombarda.